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lunes, 3 de septiembre de 2018

Reconocer y validar las emociones: siente y acéptalo

Se terminaron las vacaciones y comienza la vuelta a nuestro día a día,  a nuestros quehaceres diarios. Tengo que deciros que vengo cargada de ilusión y con multitud de pensamientos que compartir con vosotr@s,  pero también he de reconocer que me está costando un poquillo coger el ritmo. No seré muy dura conmigo misma,  así que espero que sea cuestión de tiempo.

Quiero comenzar este nuevo periodo reflexionando acerca de la gran carencia emocional y la absoluta falta de consciencia que tienen las personas sobre dicha carencia. 
A lo largo de todo el verano y de las vacaciones,  las interacciones con personas más o menos conocidas se han incrementado y ello ha dado lugar a situaciones variopintas,  algunas más agradables que otras, pero todas cargadas de analfabetismo emocional. 

Yo entiendo por analfabetismo emocional al conjunto de pensamientos, actitudes y conductas que ignoran e incluso menosprecian el valor de las emociones y de  la necesidad de aceptar lo que se siente.

Cansada de lidiar continuamente con este analfabetismo emocional, necesito desahogarme con tod@s vosotros y ya de paso incidir una vez más en lo importante que es saber reconocer y darle importancia a las emociones. ¿ Por qué las personas se empeñan en negar y enmascarar algunas emociones? ¿Acaso creen que así,  por arte de magia se van a esfumar?  Pues no,  no lo hacen, sólo quedan enterradas y sepultadas en lo más profundo de nuestro ser, ansiosas de encontrar una salida y un reconocimiento; necesitadas de valor y atención.

Si no dejamos que se manifiesten cuando lo necesitan, aumentamos la presión y la carga emocional y con ello incrementamos los sentimientos negativos que volvemos a ocultar y negar.
Así,  dentro de una espiral destructiva,  terminaremos explotando y liberando todo el cúmulo emocional de una forma insana, peligrosa y dañina. Por no haber mostrado nuestro descontento o frustración,  por no haber llorado cuando lo necesitábamos,  por no haber dicho lo mal que nos sentíamos,  terminaremos afrontando esas emociones a través de explosiones de ira descontrolada,  de agresividad desmedida, o bien de conductas compulsivas y destructivas. La desmesurada cantidad de personas con problemas de conducta, agresividad , adicciones, trastornos de ansiedad, trastornos de alimentación, baja autoestima, depresión, etc , encuentran en gran parte su raíz en este déficit de educación emocional.



De ahí la suprema importancia de tomarse muy en serio la educación emocional de los más pequeños. Resulta crucial para ellos y para el resto de personas que como miembros de una sociedad debemos interactuar a diario.
¿ Por qué cuando un niño se enfada se le dice no te enfades? ¿ Acaso los adultos no nos enfadamos nunca, que somos happy florwers? Pues no,  no lo somos y si aparentas serlo pobre de ti.
En vez de negarle su derecho a expresar su enfado podemos interesarnos en el motivo del mismo, y a la vez que validados su sentimiento intentamos comprender el por qué del mismo.
Sí,  lo se.  Porque es incómodo para los adultos " soportar" el enfado del niño. Esa es la triste realidad. Pero nadie dijo que educar fuera una tarea sencilla y siempre maravillosamente plácida.Así que,  apechugando que es gerundio; piensa y reflexiona antes de decirle a un niño enfadado que no se enfade. Tú como adulto no te indignas cuando te lo dicen, porque yo sí y creo que es lo más normal.

Caso similar es el de los llantos. Y aquí me echo las manos a la cabeza cuando oyes que los bebés tienen que llorar para que se les ensanchen los pulmones. ¡Ya! Sin embargo cuando ya son un poquito más grandes, como ya los han ensanchado bien de tanto llorar y no hacerles ni caso, lo que procede es hacer todo lo posible porque no lloren.
Vamos, lo que es hacer las cosas completamente al revés. Los bebés si lloran es porque necesitan algo, sí necesitan. Alimentarse,  dormir, liberar gases, pañal limpio, sentir la proximidad y el contacto con su madre principalmente, etc. No necesitan ensanchar los pulmones.
Y los niños cuando lloran por la causa que sea, dolor, frustración , rabia, cansancio...; necesitan expresarse y que se le de validez a su sentimiento. ¿ Tú cuando estas triste o sientes impotencia no tienes ganas de llorar? Es lo más natural del mundo,  y lo más sano. Llorar drena el alma y permite ver las cosas con más serenidad y más claridad.
Los niños deben entender que es normal llorar cuando se está triste y disgustado , y que una vez pase se sentirá mucho mejor.

Sí,  lo se, lo hacen con buena intención. ¿Qué tiene de buena intención que le digan a un niño que no llore que se pone muy feo? Yo no encuentro ni un ápice de buenas intenciones reales en esta lapidaria frase, como tampoco la encuentro en la versión de no llores que ya eres mayor, o no llores que no pasa nada.

Como muy bien me dijo hace escasos días mi queridisima Estrella Pisa , autora de Sinaptando , un blog sobre psicología que invita a reflexionar sobre cuestiones trascendentales :

"Si las personas fuésemos plenamente conscientes del daño que les llegamos a hacer a los niños cuando les obligamos a secuestrar sus emociones por guardar las apariencias ante el resto de familiares, amigos, compañeros o maestros, quizá dejaríamos de cortarles las alas y hasta seríamos capaces de permitirles volar. Todos queremos hijos inteligentes que saquen notas muy buenas y que puedan acceder al escalón más alto, pero muchas veces nos olvidamos de preguntarles cómo se sienten, qué anhelan, qué les atormenta o qué les hace realmente felices. ¿Cuántas familias no se habrán roto por malentendidos absurdos al jugar todos sus miembros a simular sentir lo que no sienten por los demás o por jugar a negar lo que sí sienten? Tanto que reivindicamos la importancia de ser uno mismo y luego resulta que nos da miedo serlo y no tenemos mejor modo de demostrarlo que reprendiendo a quienes no tienen tantas manías. Definitivamente, los humanos somos unos tipos demasiado extraños. No nos entendemos ni nosotros mismos."
Cuanta triste verdad en sus sabias palabras. Maravillosa reflexión a propósito de un post sobre educación emocional que escribí hace un tiempo y que podéis leer aquí.


El arte de validar las emociones debe practicarse con naturalidad y sin miedo. Por favor tomémosnos en serio este asunto,  cuidemos la salud emocional de las futuras generaciones y dejemos de repetir una y otra vez los errores del pasado.
Nunca es tarde si la dicha es buena. 

domingo, 12 de agosto de 2018

Ayudando a gestionar la frustración (parte 2)

La semana pasada traté el tema de la frustración infantil y de la importancia que tiene el trabajar esta emoción de manera temprana e ir preparando el camino para que poco a poco se gestione de una forma más satisfactoria. Si te apetece recordarlo o no tuviste la oportunidad de leerlo, puedes hacerlo aquí.

Hoy continúo con este tema y traigo una recopilación de diversas técnicas,  métodos y recursos que pueden sernos de gran utilidad en este proceso no siempre agradable y para nada sencillo. Apoyarnos en estas técnicas , actividades y recursos nos va a  ayudar a reforzar conductas,  a  afrontar situaciones complicadas y a dotarnos de una mayor seguridad y fortaleza para hacer frente al reto que supone aprender a gestionar de manera exitosa la frustración.

Actividades para ayudar a manejar la frustración 

Son muchas las actividades que podemos poner en práctica con la finalidad de entrenar esta habilidad y lograr que poco a poco sea más sencillo afrontarla. He seleccionado tan sólo algunas que yo misma he puesto en práctica y me han resultado exitosas y de gran ayuda y otras que usaré en un futuro no muy lejano. Os dejo con ellas.


  • El frasco de la calma es un método excelente para atraer toda la atención y lograr que poco a poco se vayan tranquilizando. Esta actividad puede beneficiar tanto a pequeños como a mayores ya que ayuda a combatir el estrés y aliviar tensiones . Además,  es algo muy sencillo de fabricar y lo podemos hacer nosotros mismos en casa. Sólo necesitamos un tarro de cristal, agua,  pegamento y purpurina.  


Observar los movimientos de la purpurina en el líquido del bote tiene un efecto hipnotizante y es precisamente eso lo que hace que nuestro estado emocional se relaje, ayudando a ganar la batalla a la frustración y la rabia.



  • Los beneficios de practicar yoga alcanzan el terreno físico y psicológico. Instruir en el control del estado mental,  así como usar la respiración de forma adecuada,  es una forma estupenda de dotar a los niños de herramientas para gestionar emociones complicadas,  y resulta determinante para la inteligencia emocional .

  • Usar la distracción de contar o enumerar nos permite activar la parte más racional del cerebro para de esta forma canalizar toda la energía de la frustración y apaciguar el malestar emocional.  Por ejemplo, podemos contar los dedos de la mano, los dedos de los pies, las piedras que tenemos alrededor si estamos al aire libre, o cualquier cosa que se nos ocurra en ese momento.  La cuestión es contar. Este truco ayuda a poner fin al secuestro emocional en el que se encuentran los más pequeños cuando la realidad y sus expectativas no confluyen.


Literatura infantil

Benditos cuentos que tanto nos aportan a peques y adultos. Son un recurso estupendo para trabajar multitud de aspectos en la crianza y educación de los niños, siendo nuestros perfectos aliados para inculcar valores,  normalizar sentimientos y tratar temas complejos o sensibles.

Cuentos que trabajen la educación emocional hay muchísimos, afortunadamente es un tema que se le está dando todo el valor que merece. Si nos adentramos en la literatura infantil que trata el tema de las emociones , nos sorprenderemos gratamente. Hay un sinfín de opciones y para todas las edades.

En concreto,  los cuentos que trabajan las emociones como la rabia,  la furia y la frustración , se muestran como historias donde además de explicar que sucede cuando nos sentimos enfadados y algo no ha salido como deseabamos; nos proporcionan lecciones y aprendizajes prácticos para afrontar con mayor facilidad esos traspiés y esa fuerza emocional que nos invade y nos lleva a comportarnos con rabia y agresividad, con nosotros mismos o/y con los demás.

A continuación tenéis una pequeña selección de cuentos que tratan este tema, y que no pueden faltar en nuestra biblioteca infantil.



No me invitaron al cumpleaños 

  Su autora es la escritora y psicóloga Susanna Isern y en casa nos encanta. La descubrimos con su obra Abecemociones, muy recomendable.
Es una autora muy comprometida con la educación de las emociones y prueba de ello es la cantidad y calidad de sus trabajos en este sentido.

Este cuento es ideal para tomar contacto con hechos cotidianos y desagradables que pueden hacernos sentir mal,  molestos, dolidos y frustrados.
Lo mejor de este libro es que además de enseñarnos que las cosas no siempre son como desearíamos que fueran, a veces no lograr lo que queremos puede resultar positivo.


Mapache quiere ser el primero 

Un cuento ideal para mostrar a los niños que no se puede siempre ganar y que hay cosas mucho más importantes y gratificantes que pasamos por alto cuando nos centramos únicamente en salir victoriosos.
De nuevo Susanna Isern nos acerca al mundo de las emociones. Esta vez trabaja sentimientos como la envidia,  el optimismo,  el pesimismo y la frustración.

Sofía, La Vaca Que Amaba La Música 

Es una historia ideal para transmitir importantes valores en los más pequeños.  Apoyar  a las personas que queremos para que luchen por sus sueños aunque ello conlleve nuestra tristeza,  ser perseverante y creer en uno mismo , manejar la rabia que provocan las injusticias y tener una actitud proactiva para cambiar esa realidad. Es una obra muy completa que lanza un potente mensaje para los peques,  enseñándoles a no rendirse y dejarse llevar por la frustración.

Las jirafas no pueden bailar 

Chufa,  la protagonista de esta historia tendrá que enfrentarse a sus miedos y vencer su frustración para lograr su propósito. Es un libro con unas ilustraciones muy chulas y muy divertidas por ser pop up.



Para terminar,  os dejo un recurso de gran utilidad y que puede aportarnos más conocimientos y herramientas para abordar el tema en cuestión.  Se trata de una guía para fomentar el autocotrol y la tolerancia a la frustración.  Podéis acceder a ella aquí.


martes, 31 de julio de 2018

Impulsando la tolerancia a la frustración : Parte I

Hace unos días os hablaba de resiliencia. Esa mágica capacidad de sobreponerse a las inclemencias vitales y salir fortalecido de ellas. Un proceso complicado y costoso que conlleva; entre otras cosas; ser capaz de tolerar la frustración con maestría y serenidad. Y de frustración va hoy la cosa. Sí , de esa amarga e incómoda emoción que sentimos cuando se truncan nuestros deseos y anhelos, cuando se desvanecen las posibilidades de lograr un objetivo o una meta concreta. Esa mezcla de rabia, impotencia y tristeza que se manifiesta cuando no alcanzamos lo que queremos. Esa desilusión enfurecida que trata de apoderarse de nuestra templanza cuando algo sale mal.
 A priori los adultos deberíamos saber gestionar adecuadamente esta emoción, ya que teóricamente contamos con más herramientas para afrontarla y con un tiempo vital más dilatado para haberla entrenado . Sin embargo, los más pequeños se sienten abrumados por su fuerza arrolladora y les resulta una tarea difícil de realizar con éxito. De ahí que las explosiones de rabia sean episodios comunes en la primera infancia. De ello y de como afrontar estas situaciones hablo largo y tendido en Como afrontar las rabietas con éxito.

 Una vez más, los adultos debemos adoptar el rol de guías y acompañantes para que sientan seguridad y aliento en los momentos en los que les secuestre su cerebro inmaduro . Para mostrarles el modo de lidiar con estos huracanes emocionales y aprender a tolerar la frustración,  aceptando que forma parte de la vida y como tal es inevitable sentirla en determinadas situaciones. Enseñarles al tolerar y controlar la frustración es permitirles que puedan afrontar con una actitud más proactiva y positiva cualquier reto, dificultad o traspiés  que se les presente.


COMO AYUDARLES A MANEJAR LA FRUSTRACIÓN

Como he dicho muchas veces; y no me cansaré de repetirlo; los vínculos, el apego seguro y la comunicación que establezcamos con nuestros hijos van a determinar en gran medida la base de una personalidad equilibrada y resiliente , capaz de gestionar bien las frustraciones. Sí construimos unos cimientos sólidos sobre los que poder apoyar cada experiencia vital sin temor al derrumbe, sin lugar a dudas el proceso será mucho más sencillo y fructífero.
Así que es cuestión de tiempo y tenacidad. Los primeros años de vida de los niños exigen un férreo compromiso con su educación y aprendizaje , así como altas dosis de paciencia, coherencia,  algunos límites y mucho mucho cariño. En esta primera etapa,  los más pequeños son incapaces de comprender que las cosas no pueden ser siempre inmediatas y satisfechas,  y este descubrimiento va a ser fuente de sus frustraciones. Tranquilos,  todo pasará y poco a poco su cerebro madurará  y les permitirá comprender que el mundo no gira alrededor de ellos y de sus deseos, así como que el resto de las personas también tenemos nuestros propios deseos y necesidades. Sólo debemos estar a su lado y usar el diálogo para explicarles lo que les sucede; ponerle nombre a sus sentimientos y consolar.

Es necesario que experimenten la frustración. Sí por el contrario,  les evitamos por todos los medios que la sientan, estaremos propiciando el caldo de cultivo perfecto para que nuestro hijo termine convirtiéndose  en un ser tirano,  déspota,  desconsiderado, violento, egoísta y débil. Una persona que no afrontará de manera saludable y constructiva las adversidades de la vida y que no adquirirá una habilidades sociales que le permitan relacionarse sin grandes conflictos y continúos problemas. Una persona impulsiva que tampoco sabrá conectar con su interior y reflexionar. En definitiva,  una persona con baja autoestima y serias dificultades para desenvolverse en las situaciones menos cómodas y placenteras que la vida nos tiene preparadas.

Como padres y educadores tenemos que desterrar el chip sobreprotector y concienciarnos de que no van a ser más felices porque les libremos de sentir fracaso y desilusión, sino todo lo contrario. Debemos transmitir la idea de que detrás cada error y de cada intento frustrado hay un aprendizaje con el que llenar la mochila de las herramientas personales.
Hay que inocularles valores y actitudes como el esfuerzo, la perseverancia, la lucha para conseguir metas y objetivos ; así como la importancia de cultivar el respeto a los demás;  la empatía y la asertividad.

Igual de importante es establecer unos límites  claros y congruentes que les doten de seguridad y sean una referencia a la hora de comportarse e interactuar. Ya he comentado en otras ocasiones los peligros de una educación excesivamente permisiva y entre otros efectos, siendo demasiado condescendientes tan sólo conseguiremos que nuestro hijo no adopte una actitud proclive a tolerar las frustraciones.

Por lo tanto, ya hemos visto que nuestro rol como padres y educadores es decisivo en la adopción de actitudes positivas, reflexivas y abiertas a aceptar fracasos y negativas.

En la segunda parte de este post incluiré algunas técnicas y  ciertos recursos  que pueden ser de gran ayuda en esta laboriosa función de amparar y contribuir en la tarea de gestionar convenientemente la frustración. No os los perdáis.








domingo, 15 de julio de 2018

La pesada carga de las etiquetas

Os habéis parado a pensar en la ingente cantidad de juicios de valor que podemos realizar las personas al cabo de un día entero. Sí,  las personas estamos continuamente emitiendo juicios y sacando conclusiones de nuestras experiencias,  sensaciones, emociones e interacciones. Es lógico y normal, ya que a través de los juicios valoramos y ponemos palabras a nuestros procesos cognitivos. Calificamos y clasificamos lo que percibimos a  través de nuestros sentidos para de esta forma adaptarnos mejor al entorno ; ayudándonos a tomar decisiones y a contar con más recursos que nos permitan una supervivencia más exitosa.

Juzgamos olores, sabores, lugares, acciones, imágenes, palabras, pensamientos. De esta forma establecemos nuestros gustos y preferencias, optamos por una u otra alternativa y desechamos las que no nos resultan ventajosas o las que resultan ser una amenaza. También,  y he aquí el inconveniente,  juzgamos a las personas con asiduidad y alevosía. Juicios y prejuicios a discreción. Y es que, no es lo mismo juzgar una situación o una sensación , un comportamiento o una acción que a una persona. Los juicios que emitimos sobre las personas tienen un fuerte impacto en la imagen de uno mismo y en la autoestima, más aún si la sentencia tiene connotaciones negativas y despectivas. Porque no es lo mismo opinar sobre una conducta o una acción concreta que enjuiciar y etiquetar a una persona en función de una acción o comportamiento.  
Cuando juzgamos a una persona y le colocamos una etiqueta , estamos dando por sentado que esa persona es así en su conjunto, poniendo en valor la cualidad o el defecto que le atribuimos; olvidando todas las demás características que la definen así como la influencia de factores  exógenos como  por ejemplo el entorno y las circunstancias. 

Los juicios sobre las personas son dictámenes subjetivos que emitimos para clasificar a las personas en función de unos rasgos y atributos, estableciendo categorías dualizadas. A su vez estas categorías tienen asignado un valor positivo y otro negativo,  ambos excluyentes entre sí.  Bueno y malo, aburrido y divertido,  obediente y desobediente,  obstinado y transigente,  diligente e incompetente... El " ser bueno " significa que no " eres malo" , y el " ser obediente " conlleva " no ser desobediente ", reduciendo las múltiples expresiones de la conducta humana en función de las interacciones y circunstancias,  a una única y pesada losa: la etiqueta.



Por eso las etiquetas que colocamos a los niños determinan su propia imagen y configuran su comportamiento,  ya que sienten que tienen que ser y hacer lo que se espera que sean y hagan.  Las etiquetas en los niños influyen en la configuración de la identidad personal.
Así pues las etiquetas supuestamente positivas ejercerán una insana presión sobre los niños que se verán obligados a cumplir con las expectativas y no defraudar. Por jemplo, si a tu hij@ le llega continuamente el mensaje de lo list@ y responsable que es,  y por alguna circunstancia no puede cumplir con esos cánones y estar a la altura de nuestras expectativas,  el batacazo moral será tremendo . No se trata de no decirles lo que hacen bien o se les da mejor, de reconocer sus esfuerzos y sus logros; sino más bien se trata de no encasillarles en base a lo que consiguen o dejan de conseguir. Deben de sentir que son valiosos por ser ellos mismos y no por lo que les decimos nosotros que son.

Otro de los peligros de las etiquetas positivas, por ejemplo, es la formación de personalidades con rasgos narcisistas muy marcados, personas que sobrevaloran sus habilidades y cualidades, que muestran continuamente su arrogancia y están convencidos de su superioridad. Las personas narcisistas se caracterizan por su escasa o inexistente empatía hacia los demás y buscan continuamente la aprobación y los halagos ajenos para sentir seguridad y bienestar; lo cual refleja que en realidad tienen una endeble imagen de sí mismos. Ésta débil autoestima la camuflan bajo una falsa apariencia de grandeza e invulnerabilidad.

Asimismo,  las etiquetas negativas se incrustan en la personalidad, dañando seriamente la autoestima y generando sentimientos de incomprensión,  frustración,  injusticia y desaliento. Y es que,  si un niño escucha con frecuencia frases lapidarias del tipo de " eres un torpe" , " eres un pesado" , " eres un vago" , " eres muy rebelde", etc;  terminará por creer que verdaderamente lo es y que no puede más que aceptarlo y no hará nada por mejorar y superarse. Las etiquetas negativas limitan el desarrollo pleno y transmiten una profunda falta de respeto.

Por supuesto en determinados momentos y etapas de desarrollo de nuestros hijos , podemos sentirnos saturados y sobrepasados por los hechos y comportamientos de los niños, lo cual nos lleva a decirles que son esto o lo otro; que son así o asa. Porque somos humanos y como tal seres imperfectos.

 Los juicios impulsivos que son fruto del cansancio físico y mental , funcionan como un desahogo personal,  como una válvula de escape; pero no deben formar parte de nuestro estilo de comunicación. Que no seamos perfectos no quiere decir que no aprendamos de nuestros errores y seamos plenamente conscientes de cuando actuamos correctamente y cuando nos hemos equivocado . Y con el tema de las etiquetas debemos tener cuidado.

lunes, 14 de mayo de 2018

Mamá quiero ser yo mism@

Creo que no me equivoco al afirmar  que todos, o prácticamente todos los padres del mundo , desean lo mejor para sus hijos. Todos coinciden en el anhelo de una vida plena y dichosa para sus descendientes. Es completamente normal y lógico desear esto cuando se ama de una forma tan intensa y genuina.

Sin embargo,  también es una realidad la existencia de padres y madres que bien, consciente o inconscientemente,  proyectan en sus hijos sus deseos, aspiraciones y proyectos frustrados. Este comportamiento parental es cuanto menos tóxico y dañino para la autonomía de los hijos, además de irrespetuoso y desconsiderado.  Al actuar de esta forma se niega la identidad propia y se priva del derecho de autorrealización, de autodeterminación.

Con bastante más frecuencia de la que me gustaría he escuchado y escucho a padres y madres lanzar mensajes de lo que le tiene que gustar a sus hijos, de lo que tienen que realizar y en lo que tienen que destacar. Y claro,  está la excusa perfecta del es por tu bien, pero no cuela. No es por su bien, es por el de sus padres. Desde luego que tenemos el deber de velar por la integridad y seguridad de nuestros hijos, más aún cuando son pequeños y todavía no cuentan con los conocimientos y capacidades necesarias para autogestionarse por completo. Pero esto no significa que elijamos por ellos y decidamos lo que deben ser.



Por su bien es enseñarles los riesgos y peligros de la vida, las dificultades que pueden surgir en el camino, las actitudes que más pueden beneficiarles. Por su bien es permitirles que intenten una y otra vez y que se equivoquen, que cambien de parecer, que experimenten el éxito pero también el fracaso,  que elijan y decidan por sí mismos lo que quieren ser y hacer y como lo quieren lograr.

Adueñarse o intentar adueñarse de la capacidad de decisión y elección no es propio de una educación basada en el respeto ni mucho menos. No podemos arrebatarles su derecho a construir su propia vida, a vivirla a su manera. No podemos cercenar el valor de la libertad de elegir ser uno mismo y no lo que los demás quieren que sea.  Tenemos que ser lazarillos no usurpadores. Nuestra misión es conseguir que disfruten con su vida, con lo que son, con lo que hacen, con lo que piensan y con lo que sienten.

El sistema educativo también debe considerar la responsabilidad que tiene en este sentido. Como agente socializador debe apostar por un modelo inclusivo, en el que se tengan en cuenta, valore y acepte las características y necesidades de cada niño y niña. La escuela debería fomentar la creatividad y no marchitar la potente imaginación de los infantes. En mi opinión,  el modelo educativo que se sigue aplicando en prácticamente todos los centros educativos ha quedado obsoleto. No garantiza una educación respetuosa con las potencialidades y habilidades personales sino que aplica un método que simplifica el éxito en la mera adquisición de conocimientos estandarizados. Y de esta manera se evalúa a  todos los alumnos ( un conjunto heterogéneo ) con un mismo estándar o medida( una herramienta homogénea ), y si no logras cumplirla el sistema te limita y te dice que no eres capaz. Así de insolente es el sistema educativo.
Como muy bien dijo el gran Albert Einstein," todos somos genios pero si juzgas a un pez por su habilidad para trepar árboles,  vivirá toda su vida pensando que es un inútil".
                  
El objetivo al fin y al cabo es que sean capaces de moldear su existencia y arbitrar su vida.  Una vida en la que persigan sus aspiraciones y luchen por lograr lo que se propongan. SUS ideas,  SUS anhelos , SUS intereses y pasiones, SUS preferencias y voluntades. SUS miedos y debilidades, SUS fortalezas y habilidades. SU identidad.

Sus y no nuestras, porque aunque sean nuestros hijos ellos son dueños de su propia vida. Esa vida que les brindamos un dia y que solo les pertenece a ellos. 

sábado, 28 de abril de 2018

Crianza Respetuosa y respeto para quien la practica


Un papá haciendo verdadera mágia y un gran esfuerzo personal por conseguir ganarle un pulso al tiempo, a sus horarios, y brindarle a su hija el mejor de los regalos; tiempo. Una mamá comprometida hasta la médula por ofrecer una crianza respetuosa, consciente y con plena dedicación; porque sé que es el trabajo más difícil, más  importante y el más satisfactorio y bonito de toda mi vida. Un papá que siente y piensa lo mismo.

Decía aquí que la maternidad me ha transformado considerablemente tanto en la forma de pensar como en la forma de sentir y actuar. La esencia sigue estando ahí es cierto,  pero es innegable que soy otra persona distinta.  Se han modificado mis prioridades y se han reforzado y consolidado mis principios.
He aprendido intensamente lo que significa amar sin límite alguno. He experimentado lo duro que es enfrentarse a la crianza sin tener una red social cercana, una tribu que en determinados momentos pueda brindarte su ayuda y colaboración, que empatice contigo, que comparta experiencias y entienda tus aspiraciones, tus miedos, tus sentimientos y tus pensamientos.

Hemos tenido que hacerlo sólos y esta soledad de la que hablo junto a la inexistente conciliación laboral nos ha llevado al límite en alguna ocasión . Y de ello tambien hemos aprendido grandes lecciones, hemos conseguido mejorar y aprender de los errores.
Es muy duro criar a un hijo en esta soledad física y moral. Resulta agotador criar a un hijo teniendo que dar continuas explicaciones a los tuyos, de tus maneras de hacer y actuar. De porque te gusta hacer las cosas así o porque no te gusta hacerlas asá; de porque crees que no deberían hacer determinada cosa o decirle a la niña un comentario concreto.
Este ambiente te hace sentir incómoda, son situaciones engorrosas que perturban la armonía. Siempre se ha dicho que la confianza da asco, y es cierto que cuanta más cercanía, cuanto más allegados; más embarazosas son estas situaciones . Es como una mezcla entre choque generacional y choque cultural lo que produce esta disparidad de estilos.
Advierten con extrañeza mis maneras de pensar o actuar y cuestionan ; aunque no siempre sea a través de la palabra; lo que pienso y creo sobre la crianza y la educación asi como lo que pongo en práctica con nuestra hija. Esta conducta me produce sentimientos desagradables y ambivalentes. Me molesta ser a sus ojos,  la rara, la extravagante, la tiquismiquis, la estrafalaria, la grotesca, la peculiar , la diligente.

 Tan sólo soy una madre que queriendo lo mejor para su hija no aplica determinadas costumbres, métodos y conductas en la crianza y educación, prefiriendo poner en práctica su propia filosofía .Y ojo que esto no quiere decir que sea mejor que nadie por hacerlo así o asá , pero tampoco peor. Sólo intento ser coherente con lo que pienso y siento que debo hacer.

                               Foto: Google

Lo siento pero yo quiero consolar a mi hija cuando lo necesita. Le quiero dar y mostrar cariño cuando está cansada, aburrida, agobiada, irritada, frustrada y su comportamiento no es el más adecuado a los ojos de los adultos. Creo en el quiéreme cuando menos lo merezca porque es cuando más lo necesito.

Quiero reconocer su derecho a comportarse como lo que es, una niña. Quiero respetarlo y que se le respete.

No quiero imponerle lo que debe sentir, sino más bien quiero acompañarle en el camino para reconocer y manejar sus emociones. Quiero respetarlas y enseñarle a que ella misma también respete las emociones de los demás.

No quiero sugerirle ni obligarle a dar besos ni muestras de cariño , si no es lo que ella desea. Quiero que sea ella la que decida como y cuando mostrar su afecto.
 Por supuesto no permito que se le chantajee con brindarle más o menos cariño en función de su conducta y sus muestras de cariño hacia los demás. No se quiere con condiciones, no al amor condicional.

No quiero contaminarle el pensamiento con nocivos e injustos estereotipos y prejuicios. No hay ningún dogma que seguir ni que venerar, no hay que ser así o asá,  no hay que jugar a cosas de niñas, no hay que fomentar la crítica, la competitividad y la envidia sino más bien la cooperación y la empatía. No hay que comparar, hay que comprender la maravillosa individualidad del ser humano; único e irrepetible en todo su ser. Al mismo tiempo hay que poner en valor la riqueza de la diversidad.

No quiero juzgar constantemente y colocar etiquetas. No se es mala, ni cabezota,  ni loca, ni desobediente,  ni buena, ni cariñosa, ni nada. Se es una personita con diferentes estados y atributos en diferentes situaciones.  Estos estados no definen nunca a la persona en su totalidad.
No voy a jugar con su autoestima ni voy a comprometer su identidad.

Lo siento pero no estoy dispuesta a perpetuar este tipo de educación porque no creo en ella y no le encuentro beneficio alguno.  No seguiré la doctrina del adultismo. Por supuesto respetaré a las personas que sí que la pongan en práctica con sus pequeños y sus pequeñas, porque cada familia debe tener la absoluta libertad para elegir como quiere educar. Por eso yo también quiero sentir esa libertad, sin cuestionamientos,  sin suspicacias,  sin lecciones, sin postergaciones.

Y con el tiempo hemos logrado hacer una pequeña pero valiosa tribu, un microcosmos donde sentirse respaldado y encontrar aliento, sentir empatía y respeto.