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lunes, 21 de mayo de 2018

La importancia del juego

En unos días se celebrará en Huesca el día del juego en la calle. Una iniciativa que nace hace un par de años a propuesta del Consejo de las Niñas y los Niños. Y es que Huesca es Ciudad de los Niños y las Niñas, un proyecto de participación ciudadana que persigue que la infancia sea la protagonista de la construcción de la ciudad y que  ésta se vaya diseñando teniendo siempre en cuenta las necesidades y la perspectiva de los niños y las niñas. Este proyecto de implementación internacional fue creado y desarrollado por Francesco  Tonnuci,  todo un referente en educación e infancia.

El objetivo es facilitar espacios públicos seguros para que los niños y las niñas puedan practicar diversas y variadas actividades y múltiples juegos. En distintos puntos de la ciudad, calles peatonales,  parques y recintos al aire libre; tiene lugar la concentración de niños y niñas de distintas edades y de todos los centros educativos. Se reúnen con el propósito de poner en práctica su derecho a jugar, derecho que recoge la Convención sobre los derechos del niño de 1989.


No sólo es un derecho sino también un deber.  El juego es una herramienta imprescindible para lograr un óptimo desarrollo psicomotor ,  psicoafectivo y psicosocial .  A través del juego los niños aprenden infinidad de cosas. Les permite adquirir habilidades y desarrollar capacidades, y por supuesto les ayuda a relacionarse con sus iguales. El juego es el trampolín a la vida, a sus entresijos y aventuras. Aprenden a desenvolverse e interaccionar con su entorno, aprenden las consecuencias de sus acciones, aprenden a resolver conflictos,  a valorar y empatizar con los demás. Jugando se preparan para el resto de sus vidas. Es por todo esto que resulta fundamental que los niños disfruten de tiempo para jugar y compartir espacios y juegos con sus iguales. Y es que en la sociedad actual parece que se está desvirtuando lo que significa ser un niño. Hoy en día muchos padres están obsesionados con la necesidad de que sus hijos ostenten multitud de conocimientos y habilidades prácticas y apuntan a sus hijos a un sinfín de actividades extraescolares. Y sí , en una sociedad eminentemente competitiva no está de más poseer mucha formación y experiencia para lograr tener un sitio en el atroz sistema,  pero por favor no estresemos de esta manera a los niños. Tienen toda una vida adulta por delante para ello, para instruirse en lo que ellos deseen o necesiten; y por supuesto para estresarse con sus obligaciones cotidianas.
Esto que parece algo trivial no lo es ni mucho menos. La realidad habla por sí sola y si decidís investigar sobre el tema descubrireis la triste incidencia del estrés en los niños por este motivo. Y sus nefastas consecuencias.

El sistema educativo  también debería reflexionar sobre la pesada y constante carga que suponen los deberes. ¿ De verdad es absolutamente necesario saturar a los niños con tareas , una vez ya se ha terminado el horario escolar? ¿ Qué pasaría si tu jefe , una vez terminada tu jornada laboral te dijera que apuntaras en la agenda unas tareas para realizarlas luego en tu tiempo libre? Seguramente terminarías desarrollando un síndrome de burnout, y acabarías por odiar a tu jefe y a tu trabajo. Y ojo que con esto no quiero decir que la escuela no deba fomentar la adquisición de unos hábitos de estudio y aprendizaje, por supuesto que es su misión;  pero a través de este método  no me parece la manera más idónea y efectiva. A mi parecer es un gran problema, y así se han pronunciado muchas asociaciones de padres, muchos educadores, los propios alumnos  y hasta la misma Organización Mundial de la Salud.

El juego libre es un pilar fundamental en el desarrollo de los más pequeños.  Permitirles que dispongan de tiempo y espacios para poder jugar es nuestra obligación,  como padres, como educadores y maestros, como sociedad en su conjunto;  velemos por proteger y hacer cumplir este derecho.


 " Jugar es un derecho, disfrutemoslo.Jugar es aprender, soñar y compartir.
Un día sin juego , un día perdido"

Firmado Niñas y Niños de Huesca









lunes, 14 de mayo de 2018

Mamá quiero ser yo mism@

Creo que no me equivoco al afirmar  que todos, o prácticamente todos los padres del mundo , desean lo mejor para sus hijos. Todos coinciden en el anhelo de una vida plena y dichosa para sus descendientes. Es completamente normal y lógico desear esto cuando se ama de una forma tan intensa y genuina.

Sin embargo,  también es una realidad la existencia de padres y madres que bien, consciente o inconscientemente,  proyectan en sus hijos sus deseos, aspiraciones y proyectos frustrados. Este comportamiento parental es cuanto menos tóxico y dañino para la autonomía de los hijos, además de irrespetuoso y desconsiderado.  Al actuar de esta forma se niega la identidad propia y se priva del derecho de autorrealización, de autodeterminación.

Con bastante más frecuencia de la que me gustaría he escuchado y escucho a padres y madres lanzar mensajes de lo que le tiene que gustar a sus hijos, de lo que tienen que realizar y en lo que tienen que destacar. Y claro,  está la excusa perfecta del es por tu bien, pero no cuela. No es por su bien, es por el de sus padres. Desde luego que tenemos el deber de velar por la integridad y seguridad de nuestros hijos, más aún cuando son pequeños y todavía no cuentan con los conocimientos y capacidades necesarias para autogestionarse por completo. Pero esto no significa que elijamos por ellos y decidamos lo que deben ser.



Por su bien es enseñarles los riesgos y peligros de la vida, las dificultades que pueden surgir en el camino, las actitudes que más pueden beneficiarles. Por su bien es permitirles que intenten una y otra vez y que se equivoquen, que cambien de parecer, que experimenten el éxito pero también el fracaso,  que elijan y decidan por sí mismos lo que quieren ser y hacer y como lo quieren lograr.

Adueñarse o intentar adueñarse de la capacidad de decisión y elección no es propio de una educación basada en el respeto ni mucho menos. No podemos arrebatarles su derecho a construir su propia vida, a vivirla a su manera. No podemos cercenar el valor de la libertad de elegir ser uno mismo y no lo que los demás quieren que sea.  Tenemos que ser lazarillos no usurpadores. Nuestra misión es conseguir que disfruten con su vida, con lo que son, con lo que hacen, con lo que piensan y con lo que sienten.

El sistema educativo también debe considerar la responsabilidad que tiene en este sentido. Como agente socializador debe apostar por un modelo inclusivo, en el que se tengan en cuenta, valore y acepte las características y necesidades de cada niño y niña. La escuela debería fomentar la creatividad y no marchitar la potente imaginación de los infantes. En mi opinión,  el modelo educativo que se sigue aplicando en prácticamente todos los centros educativos ha quedado obsoleto. No garantiza una educación respetuosa con las potencialidades y habilidades personales sino que aplica un método que simplifica el éxito en la mera adquisición de conocimientos estandarizados. Y de esta manera se evalúa a  todos los alumnos ( un conjunto heterogéneo ) con un mismo estándar o medida( una herramienta homogénea ), y si no logras cumplirla el sistema te limita y te dice que no eres capaz. Así de insolente es el sistema educativo.
Como muy bien dijo el gran Albert Einstein," todos somos genios pero si juzgas a un pez por su habilidad para trepar árboles,  vivirá toda su vida pensando que es un inútil".
                  
El objetivo al fin y al cabo es que sean capaces de moldear su existencia y arbitrar su vida.  Una vida en la que persigan sus aspiraciones y luchen por lograr lo que se propongan. SUS ideas,  SUS anhelos , SUS intereses y pasiones, SUS preferencias y voluntades. SUS miedos y debilidades, SUS fortalezas y habilidades. SU identidad.

Sus y no nuestras, porque aunque sean nuestros hijos ellos son dueños de su propia vida. Esa vida que les brindamos un dia y que solo les pertenece a ellos. 

sábado, 28 de abril de 2018

Crianza Respetuosa y respeto para quien la practica


Un papá haciendo verdadera mágia y un gran esfuerzo personal por conseguir ganarle un pulso al tiempo, a sus horarios, y brindarle a su hija el mejor de los regalos; tiempo. Una mamá comprometida hasta la médula por ofrecer una crianza respetuosa, consciente y con plena dedicación; porque sé que es el trabajo más difícil, más  importante y el más satisfactorio y bonito de toda mi vida. Un papá que siente y piensa lo mismo.

Decía aquí que la maternidad me ha transformado considerablemente tanto en la forma de pensar como en la forma de sentir y actuar. La esencia sigue estando ahí es cierto,  pero es innegable que soy otra persona distinta.  Se han modificado mis prioridades y se han reforzado y consolidado mis principios.
He aprendido intensamente lo que significa amar sin límite alguno. He experimentado lo duro que es enfrentarse a la crianza sin tener una red social cercana, una tribu que en determinados momentos pueda brindarte su ayuda y colaboración, que empatice contigo, que comparta experiencias y entienda tus aspiraciones, tus miedos, tus sentimientos y tus pensamientos.

Hemos tenido que hacerlo sólos y esta soledad de la que hablo junto a la inexistente conciliación laboral nos ha llevado al límite en alguna ocasión . Y de ello tambien hemos aprendido grandes lecciones, hemos conseguido mejorar y aprender de los errores.
Es muy duro criar a un hijo en esta soledad física y moral. Resulta agotador criar a un hijo teniendo que dar continuas explicaciones a los tuyos, de tus maneras de hacer y actuar. De porque te gusta hacer las cosas así o porque no te gusta hacerlas asá; de porque crees que no deberían hacer determinada cosa o decirle a la niña un comentario concreto.
Este ambiente te hace sentir incómoda, son situaciones engorrosas que perturban la armonía. Siempre se ha dicho que la confianza da asco, y es cierto que cuanta más cercanía, cuanto más allegados; más embarazosas son estas situaciones . Es como una mezcla entre choque generacional y choque cultural lo que produce esta disparidad de estilos.
Advierten con extrañeza mis maneras de pensar o actuar y cuestionan ; aunque no siempre sea a través de la palabra; lo que pienso y creo sobre la crianza y la educación asi como lo que pongo en práctica con nuestra hija. Esta conducta me produce sentimientos desagradables y ambivalentes. Me molesta ser a sus ojos,  la rara, la extravagante, la tiquismiquis, la estrafalaria, la grotesca, la peculiar , la diligente.

 Tan sólo soy una madre que queriendo lo mejor para su hija no aplica determinadas costumbres, métodos y conductas en la crianza y educación, prefiriendo poner en práctica su propia filosofía .Y ojo que esto no quiere decir que sea mejor que nadie por hacerlo así o asá , pero tampoco peor. Sólo intento ser coherente con lo que pienso y siento que debo hacer.

                               Foto: Google

Lo siento pero yo quiero consolar a mi hija cuando lo necesita. Le quiero dar y mostrar cariño cuando está cansada, aburrida, agobiada, irritada, frustrada y su comportamiento no es el más adecuado a los ojos de los adultos. Creo en el quiéreme cuando menos lo merezca porque es cuando más lo necesito.

Quiero reconocer su derecho a comportarse como lo que es, una niña. Quiero respetarlo y que se le respete.

No quiero imponerle lo que debe sentir, sino más bien quiero acompañarle en el camino para reconocer y manejar sus emociones. Quiero respetarlas y enseñarle a que ella misma también respete las emociones de los demás.

No quiero sugerirle ni obligarle a dar besos ni muestras de cariño , si no es lo que ella desea. Quiero que sea ella la que decida como y cuando mostrar su afecto.
 Por supuesto no permito que se le chantajee con brindarle más o menos cariño en función de su conducta y sus muestras de cariño hacia los demás. No se quiere con condiciones, no al amor condicional.

No quiero contaminarle el pensamiento con nocivos e injustos estereotipos y prejuicios. No hay ningún dogma que seguir ni que venerar, no hay que ser así o asá,  no hay que jugar a cosas de niñas, no hay que fomentar la crítica, la competitividad y la envidia sino más bien la cooperación y la empatía. No hay que comparar, hay que comprender la maravillosa individualidad del ser humano; único e irrepetible en todo su ser. Al mismo tiempo hay que poner en valor la riqueza de la diversidad.

No quiero juzgar constantemente y colocar etiquetas. No se es mala, ni cabezota,  ni loca, ni desobediente,  ni buena, ni cariñosa, ni nada. Se es una personita con diferentes estados y atributos en diferentes situaciones.  Estos estados no definen nunca a la persona en su totalidad.
No voy a jugar con su autoestima ni voy a comprometer su identidad.

Lo siento pero no estoy dispuesta a perpetuar este tipo de educación porque no creo en ella y no le encuentro beneficio alguno.  No seguiré la doctrina del adultismo. Por supuesto respetaré a las personas que sí que la pongan en práctica con sus pequeños y sus pequeñas, porque cada familia debe tener la absoluta libertad para elegir como quiere educar. Por eso yo también quiero sentir esa libertad, sin cuestionamientos,  sin suspicacias,  sin lecciones, sin postergaciones.

Y con el tiempo hemos logrado hacer una pequeña pero valiosa tribu, un microcosmos donde sentirse respaldado y encontrar aliento, sentir empatía y respeto.