jueves, 14 de junio de 2018

El valor de la infancia y nuestro deber de velar por su bienestar

La infancia es una etapa vital fascinante y maravillosa. Lo es para los propios niños y niñas porque experimentan sensaciones de una manera genuina , pura, auténtica y con verdadero entusiasmo. Pero también resulta increíble y deslumbrante para los adultos que los acompañamos en el camino y compartimos  con ellos las vivencias y los inolvidables momentos que suscitan la crianza y  la educación. Es un privilegio del que debemos estar muy agradecidos.

Los niños transmiten su magia, contagian su ilusión,  enamoran con su inocencia y logran arrancar sonrisas de los rostros más solemnes. Los niños consiguen que por un momento, efímero pero intenso, se respire esperanza en este mundo y se dibuje un escenario mucho más deleitoso.

Los niños nos devuelven a nuestra infancia y permiten que aflore nuestro niño interior. De alguna manera nos conectan con nuestra parte más onírica y cándida. Nos muestran el significado verdadero de la libertad. Nos enseñan a disfrutar de las cosas, a gozar del aquí y ahora; recordándonos el ingente valor de lo sencillo y lo natural.
Los niños nos alejan y rescatan del  aburrido mundo repleto de obligaciones, preocupaciones y  contrariedades en el que nos hayamos inmersos . Ellos y ellas logran que nos reinvintemos , que evolucionemos y maduremos para llegar a ser mejores personas. Incluso tienen el grandioso poder de conseguir que resurjamos de las cenizas como un ave fénix. En realidad ellos son nuestros maestros, son nuestros luceros y nuestra esperanza.

Que triste resulta ver a personas que no recuerdan que ellos fueron niños alguna vez. No puedo más que sentir compasión por ellas, y pienso en la infinita amargura que debe invadir sus corazones para no contagiarse de la alegría y vitalidad de un niño. Porque cuando un niño juega, grita,  se ríe,  salta y baila está expresando su júbilo,  su vigor y vivacidad. Por desgracia no todo el mundo entiende que los niños han de comportarse como lo que son, y siempre que actúen con respeto tienen todo el derecho del mundo a disfrutar de su infancia sin ser menospreciados o tratados como ciudadanos de segunda.

 Que pesadumbre advertir que haya niños a los que se les niega el derecho a disfrutar de una infancia plena y feliz, a los que se les priva de disfrutar de una familia equilibrada, de una educación y de un entorno saludable; de aprender jugando, de soñar y perseguir deseos, de creer que no hay nada imposible. En una palabra, de ser dichosos. De exprimir la infancia  y disfrutar cada momento. De ser niños y no pequeños adultos, o peor aún de no ser nada de nada para los que deberían ser el todo de todo.

Guerras, hambrunas, explotación laboral y sexual, niños soldado, niños desamparados y vulnerables a la delincuencia y las drogas, niños maltratados y abusados.
Niños  y niñas a los que se les amputa su infancia y se les condena al sufrimiento, a los que se les impone la responsabilidad de hacer frente a su injusto destino. Niños y niñas a los que se les quita la vida, niños y niñas que aún con vida , se les trata como mercancía humana.
Situaciones lamentables que se reparten por toda la geografía mundial, que estremecen y atormentan, que nos hacen plantearnos si realmente la humanidad merece llamarse así . Sea como fuere , lo que es insoportable e intolerable es que los niños  sigan siendo inocentes víctimas de un mundo sin sentido. Víctimas inocentes del sin sentido adulto.


La infancia debería construirse sobre una sólida superficie que asegurase un futuro próspero en lo personal, en lo introspectivo, y por supuesto también en lo social, en lo comunitario. En cierta manera,  las vivencias y recuerdos de la infancia configuran los cimientos de la personalidad con la que va a convivir el resto de su vida. Y con la que el resto de personas se encontrarán.

Sí , la infancia marca y lo hace para bien o para mal. Así lo asegura el gran Jorge Barudy cuando dice que los buenos tratos a la infancia modelan la forma de ser.
Es por ello que tenemos la obligación moral de construir una sociedad en la que los niños y las niñas puedan desarrollarse de manera sana, óptima y plena. Debe procurarse que sus derechos estén siempre protegidos y sus necesidades cubiertas. La protección de la infancia es una prioridad que siempre debemos poner en práctica porque lo que prima por encima de cualquier otro interés, por muy legítimo que éste sea, es el bienestar de los menores. Este es el mandato no sólo legal sino también ético y moral. Como sociedades avanzadas debemos ser merecedoras de dicho sobrenombre y abogar por el cumplimiento de dicho mandato en todos los rincones del planeta.  Un trabajo complicado que incluso puede parecer insoluble y utópico , mas con una firme voluntad se pueden lograr importantes avances y mejoras en este sentido. Una firme voluntad que a de confluir desde distintos puntos y regiones, y que en la actualidad parece asignatura pendiente. Muchos de los Estados y países  no están a la altura,  la política ínternacional está secuestrada por el todopoderoso dinero. Y en su nombre todo el terror al que asistimos un día sí y otro también.


Como individuos y seres sociales,  cuidemos de nuestras futuras generaciones y contribuyamos al bienestar de la infancia. Construyamos una sociedad justa,  respetuosa, empática y solidaria; una sociedad plural y diversa en la que la equidad sea la piedra angular del éxito personal y colectivo. No segreguemos a los niños , no enseñemos a segregar.  No difundamos la cultura de la violencia,  la fuerza y la intimidación. No enseñemos a abusar. No divulguemos estereotipos insanos y fomentemos las desigualdades. No enseñemos a ser injustos. Y así con infinidad de problemas sociales que se han ido forjando en el seno de una sociedad profundamente enferma en muchos sentidos. Este no es el mejor legado para nuestros hijos y los hijos de los demás .

Como padres debemos tener muy claro que ejercer la maternidad y paternidad de una manera minimamente correcta y adecuada es trabajo más difícil , laborioso y complicado del mundo; pero sobre todo el más importante y trascendental de toda nuestra existencia. Como decía aquí , es un quehacer de valor incalculable, pues los niños de hoy serán los adultos del mañana.
Que gran responsabilidad, sí , y que gran oportunidad para poner nuestro granito de arena en la construcción  de un mundo algo mejor y una sociedad menos enferma.



sábado, 9 de junio de 2018

Beneficios de la disciplina positiva

La semana pasada hablaba sobre las rabietas y el modo en que deberíamos afrontarlas para obtener resultados más satisfactorios y menos frustrantes. Como ya apunté, la disciplina positiva puede convertirse en nuestra gran aliada a la hora de educar a nuestros hijos. Y como lo prometido es deuda, hoy os voy a hablar de esta saludable filosofía pedagógica y de los muchos beneficios que puede aportarnos su práctica a toda la familia.

La disciplina positiva, o educar en positivo, es  una herramienta fundamental tanto para evitar una alta incidencia en la aparición de esa furia explosiva que tan molesta resulta ser, como para apaciguar ese " fuego que quema fuerte y es difícil de apagar" en palabras de Anna Llenas en su célebre Monstruo de Colores.
La disciplina positiva enseña autocontrol  y autodisciplina, ayudando a los niños a comprender que el cerebro no funciona correctamente cuando nos aborda la rabia y estamos enfadados. Enseña a regular los estados emocionales y a equilibrar conductas y pensamientos.

En la educación de los hijos es necesario establecer unos límites claros que actúen de soporte para guiar y conducir el comportamiento de los niños. Además de permitirles la adquisición de unas habilidades sociales adecuadas y prácticas para desenvolverse correctamente con su entorno y consigo mismos, los límites aportan seguridad y confianza. Esto es así porque al saber lo que se espera de sus comportamientos  y lo que por el contrario no es aprobado,  los niños pueden organizar sus esquemas mentales y aprender a ser consecuentes de sus actos.  La educación en positivo aboga por el establecimiento de unos limites claros y sencillos, que no sean muy numeroso sino más bien pocos y razonables.
Asi que la disciplina es absolutamente necesaria en la educación de los niños, sí,  pero cuidado , no confundirla con autoritarismo. Y mucho cuidado también con la absoluta permisividad. La disciplina que enseña no es ni permisiva ni punitiva.



 El porque lo digo yo que soy tu padre o tu madre y punto no aporta nada bueno, no construye, no enriquece, no educa. Por el contrario si que distancia emocionalmente, genera frustración y resentimiento. No se enseña a pensar ni a asumir responsabilidades, se obliga a obedecer. Se adiestra en la obediencia ciega y desde el temor, de tal manera que los niños terminan haciendo las cosas o no haciéndolas por miedo a los castigos o a las reprimendas, y no porque entiendan que las cosas sean correctas o no.

 El resultado de una educación rígida y autoritaria puede ser un niño sumiso y sin capacidad de pensar por si mismo,  sin actitud crítica, sin iniciativa y autonomía; sin ánimo de asumir retos, responsabilidades y proyectos. O por el contrario,  un niño que cansado de soportar el peso de una educación en la que la comunicación bidireccional y el estilo democrático no aparecen en absoluto, decide deshacerse de ese yugo que le oprime y se agarra al clavo ardiendo de la rebelión como mecanismo para lidiar con su profundo malestar.





ALGUNAS PAUTAS PARA PONER EN PRÁCTICA LA DISCIPLINA POSITIVA

  • Comunicación bidireccional y respetuosa.

La disciplina positiva se centra en el establecimiento de una comunicación basada en el respeto mutuo , donde tan importante es el mensaje que transmitimos como la manera en qué lo transmitimos. El mismo valor que tienen las palabras que decimos a los niños tienen nuestros actos y nuestra actitud. Debemos mostrar una actitud empática y proclive a intentar comprender el por qué de sus conductas. Si logramos vislumbrar aquello que origina una conducta indeseada , tendremos la llave que nos permitirá acceder al cambio. Esta es la clave de esta filosofía, llegar a conocer el motivo que causa los comportamientos y conductas para trabajar en ese origen. Una vez tengamos esa información nuestra labor educativa será mucho más sencilla de afrontar.

En ningún momento se debe desaprobar al niño sino a su comportamiento. No olvidemos que nunca hay que etiquetar a la persona ni mucho menos jugar con el afecto y el amor incondicional. De lo contrario estaremos dañando la autoestima de nuestro hijo.

Además de una actitud empática y libre de juicios , los padres y educadores debemos poner en práctica habilidades como la asertividad y la escucha activa. Ambas resultan imprescindibles en la educación en positivo.  A través de la escucha activa lograremos conectar con los niños y comprender lo que sienten, piensan y les lleva a actuar de un modo u otro.  Debemos poner todos nuestros sentidos cuando nos hablan y nos cuentan sus cosas, dejar que se expliquen y no interrumpirlos. Debemos escuchar para entender y no sólo para responder y replicar.
La asertividad por su parte consiste en ser capaz de transmitir lo que no nos gusta o nos molesta desde un absoluto respeto. Es una valiosa habilidad que marcará la diferencia de las respuestas conductuales.  No es lo mismo decir las cosas desde la consideración y la deferencia que utilizar los gritos y las faltas de respeto en la comunicación. Desde luego que no se obtienen los mismos resultados, y por supuesto no obtendremos un feedback positivo si usamos recursos insolentes y violentos.

  • Centrarnos en las soluciones y no en los castigos.

 Este es otro de los pilares en los que se sustenta la disciplina positiva.  Los errores son una valiosa fuente de aprendizaje y los castigos si bien funcionan a corto plazo , no proporcionan beneficios a largo plazo sino que tienen consecuencias negativas. Los castigos no crean un sentido de responsabilidad en los niños, y con el tiempo se generan conductas de evasión y engaños con el objetivo de evitarlos.

No es lo mismo castigo que consecuencia. Con los castigos se genera malestar con el fin de evitar que se repitan unos determinados  hechos,  mientras que con la consecuencia se invita a la reflexión. Las consecuencias se orientan hacía los resultados de las acciones en vez de hacia las personas en sí, por lo que no arremete contra la imagen personal que el niño tenga de si mismo.

 Imaginar que estamos en el parque y nuestro hijo o hija de pronto le pega a otro niño con el que hasta el momento estaba jugando. Si nuestra reacción es decirle que no sea malo y que  si vuelve a pegar nos vamos a casa sin más,   la consecuencia a su acto es el castigo de marcharse a casa y dejar de jugar en el parque. No aprende que la consecuencia de su acto es hacer daño a los demás y que eso no está bien. Asi pues sería mucho más acertado decirle que si pega a los niños les hace daño y que no les gusta que les hagan daño. Si queremos reforzar el límite, le podemos decir que si no trata bien a los demás niños no podrá jugar con ellos en el parque y tendremos que irnos a casa.  De esta manera se pasa de una simple amenaza a un razonamiento de su conducta y de las consecuencias de la misma tanto para los demás como para él mismo.
  • Evitar decir que NO continuamente

Utilizar un lenguaje en positivo y usar menos el no. Que te digan no de manera continua y monótona puede ser verdaderamente frustrante, así que debemos procurar reservar nuestros noes para contadas ocasiones, y en el caso de recurrir a ellos siempre dar una sencilla explicación del porque de la negación. Explicar las consecuencias y los efectos así como proponer alternativas nos permite educar y enseñar en vez de tan sólo prohibir; además de permitirles ser partícipes del proceso de resolución.

  • Alentar en lugar de alabar
Para fortalecer y estimular la autoestima debemos poner el foco de atención sobre el esfuerzo y los progresos alcanzados en vez de centrarnos simplemente en el éxito.. 
Las alabanzas continuas y exageradas a priori pueden parecer que generan bienestar y alegría en los más pequeños pero a posteriori nos encontraremos con niños necesitados de una permanente aprobación de los demás.
Con las alabanzas y adulaciónes se tiende a valorar a la persona en vez de a la acción. Con la motivación estaremos mostrandoles lo que pueden realizar por si mismos y serán plenamente conscientes de sus capacidades, y no necesitarán el beneplácito de un tercero para sentir seguridad en sí mismo.



Como podéis ver , la disciplina positiva es en sí misma una manera de ser y pensar, y en consecuencia una manera de actuar. Trabajando con perseverancia todas sus recomendaciones obtendremos todos sus beneficios a medio y largo plazo. Educar puede convertirse en una tarea mucho más gratificante y placentera, la relación con nuestros hijos será mucho más fluida y afable y lograremos que en un futuro hayan adquirido buenas habilidades sociales que les harán mucho más llevadero el intenso y apasionante viaje que es la vida.

Cómo educar con firmeza y cariño



viernes, 1 de junio de 2018

Cómo afrontar las rabietas con éxito

A todos los padres y madres nos han hablado de ellas, a todos nos han contado lo que se nos viene encima y lo que nos veremos obligados a hacer y también a evitar hacer. Prepárate, cuidado con los terribles dos años, menudo carácter siendo tan pequeños,  se vuelven unos caprichosos, lo mejor es no hacerles caso, si no haces lo que dice no hay manera y menuda vergüenza, etc . Incluso han tenido la osadía de advertirnos de la necesaria mano dura que tendremos que demostrar para que el asunto no se nos vaya de las manos.

Tarde o temprano las rabietas se manifiestan sí , y comienzan a aflorar  las explosiones de sentimientos y el descontrol emocional. Es completamente normal y absolutamente saludable. Las rabietas son necesarias para seguir completando el desarrollo de nuestros hijos, y aunque es cierto que pueden producirnos cierto estrés y cansancio, son imprescindibles para su maduración neuropsicológica y para su futura vida en sociedad.


Precisamente es por esta inmadurez del sistema nervioso central por lo que la manifestación de emociones como la rabia, la ira y la frustración se da de una manera tan desorbitada y sin control alguno. Bueno en realidad todas las emociones las viven y experimentan con esta intensidad. Los niños demuestran alegría,  entusiasmo, sorpresa, admiración,  miedo, enfado, tristeza y otras tantas emociones de una forma extremadamente intensa. Todo lo viven al límite, y esto sucede fundamentalmente porque el cerebro mamífero o emocional está en pleno desarrollo, al igual que el cerebro humano o racional. Por lo tanto, lo que rige la conducta de los más pequeños son los instintos más primitivos que aún conservamos en nuestro adn tras miles y miles de años de evolución. El cerebro reptiliano es la estructura del cerebro que regula estas respuestas instintivas. Es la estructura más básica, y de ahí la impulsividad de los niños.

Así que por favor, padres y madres, abuelos y abuelas,  tíos y tías, vecinos y vecinas y en general personas adultas ; sabed que las rabietas NO son comportamientos deliberados y urdidos con la intención de fastidiar y molestar. Los niños NO lo hacen para desafiar y poner a prueba nuestra paciencia,  NO son nuestros rivales. Ellos son niños pequeños de dos, tres y cuatro años que están aprendiendo a reconocer y a lidiar con unas emociones incómodas que les generan malestar. Estan empezando a comprender como funciona el mundo , a interactuar con su entorno y a experimentar un sinfin de sensaciones. Estan desarrollando las estructuras cerebrales encargadas de la regulación emocional y del razonamiento. Nosotros somos los adultos y nos deberíamos comportar como tales. De esta forma no sólo les estamos enseñando un magnífico ejemplo de comportamiento sino que lograremos gestionar mucho mejor y con  más facilidad estos pequeños percances. Sí,  se que en ocasiones mantener la calma es complicado pero nosotros los adultos deberíamos tenerlo más sencillo que ellos porque nuestro sistema nervioso está o debería estar más preparado para afrontar estas contingencias emocionales. Afrontar una rabieta infantil desde una actitud tranquila, de escucha y comprensión es ganar prácticamente la " batalla". El truco está en empatizar más con los peques, intentar comprender lo que sienten y porqué. No hay que menospreciar estos sentimientos porque de esta manera lo único que lograremos será aumentar la espiral de rabia y confusión.
Una vez validados  y acompañados los sentimientos que le ha generado una situación concreta o una decisión determinada, y cuando se haya calmado lo suficiente como para poder hablar, es el momento de intentar buscar una solución y dar un razonamiento sencillo. Una vez han logrado contener esa revolución emocional, los niños tienen una capacidad de escucha y atención increible,  y pueden mostrar una sorprendente disposición a entender y ser mucho más flexibles de lo que en un principio podríamos esperar. Tan sólo necesitan a adultos equilibrados que les acompañen y les ayuden a resolver estas intensas situaciones.

Como adultos debemos estar a la altura de las circunstancias,  reconocer las situaciones más favorables para la aparición de las rabietas e intentar anticiparse a ellas, saber cuando necesitan descansar,  evitar responder continuamente con un no y utilizar más la disciplina positiva. De ésta,  hablaremos largo y tendido en un nuevo post,  que bien lo merece.

El ingrediente estrella para afrontar con éxito las rabietas y que siempre deberíamos tener a disposición es la paciencia. Con paciencia y respeto lograremos disfrutar mucho más de esta etapa de la crianza y educación de los peques, que sin duda es intensa y agotadora pero sumamente fascinante y extraordinaria.

sábado, 26 de mayo de 2018

Educando en igualdad

Con motivo de la Feria del Libro me ha parecido oportuno hablar de literatura infantil orientada a la coeducación o lo que es lo mismo educar en igualdad.

Aunque entristezca reconocerlo, tenemos un serio problema con los jóvenes y la violencia de género. Primero hablemos de este terrorífico problema.
Sí,  es muy grave y muy lamentable que en pleno siglo XXI se siga perpetuando la educación y los comportamientos machistas y sexistas. Y aunque también es cierto que se han logrado importantes avances en esta materia aún queda mucho camino que recorrer para conseguir la tan ansiada igualdad efectiva y real. Y como no, también  la libertad de las mujeres y el reconocimiento de su íntegra dignidad.

Nuestra sociedad está plagada de micromachismos y de conductas basadas en férreos estereotipos de género. Hasta las personas que dicen estar comprometidas con la igualdad y se costernan ante los graves sucesos de violencia sexista , reconocen que su educación no ha sido la más recomendable en este sentido. Todos nos hemos impregnado de un fuerte olor a educación patriarcal y el tufo es cuanto menos difícil de combatir.

Inconscientemente se continúa transmitiendo a los más pequeños esta dañina doctrina. Y por desgracia, conscientemente también. Lo primero tiene una solución mucho más factible y el cambio progresivo de chip es sin duda más asequible. Por el contrario, el segundo es el auténtico problema,  la raíz podrida de un árbol enfermo que continuará dando frutos, pero de una calidad pésima y comprometida. Frutos que envenenan, que hieren y hacen daño y que pueden incluso terminar con la vida.

En este tema, quizás por mi condición de mujer y por mi profesión,  siempre he estado muy comprometida. Pero desde que fui madre de una niña , todavía más. No quiero que las piedras, los obstáculos,  las injusticias, los abusos y las faltas de respeto que vivimos y hemos vivido ayer y hoy las mujeres,  sea el palmario destino de las niñas de hoy y mujeres del mañana. Por eso me parece fundamental trabajar en una educación igualitaria desde chiquitines, enseñando a los niños y a las niñas a respetarse y a respetar sin tener en cuenta el sexo y/o la orientación sexual. Hay que criar niños y niñas libres de prejuicios de género y de condición sexual.  Y por supuesto, como en otros asuntos, hay que educar con palabras pero sobre todo con hechos. Mostrar conductas ejemplarizantes, evitar en la medida de lo posible entornos y personas que no sean modelos a seguir y  explicar; de una manera adaptada a la edad; las consecuencias de las conductas irrespetuosas.


Los que ya me conocéis os habréis dado cuenta de lo tremendamente útil que me resulta la literatura infantil para transmitir valores y enseñar conductas saludables.  Me encantan los cuentos y su poderoso vigor para educar. Por supuesto,  en coherencia con lo que queremos transmitir debemos seleccionar los cuentos, y en temas de igualdad y ruptura de estereotipos de género hay que andarse con ojo ya que precisamente existe una tradicional y numerosa cantidad de cuentos nada respetuosos en este sentido. No voy a hacer alusión aquí de este tipo de cuentos ni películas. Quiero darle protagonismo a los materiales que sí pueden ser nuestros aliados en la trascendental tarea de educar en la igualdad. A continuación,  os dejo una recopilación de cuentos que hemos conocido y que en mi humilde opinión son imprescindibles en una biblioteca infantil.

  • Rosa Caramelo,  de Adela Turin y Nella Bosnia, ed. Kalandraka .

Sin duda una obra que no puede faltar en las manos de un niño, todo un referente en el tema. Editado por primera vez en los años 70,  es perfecto para romper los absurdos estereotipos sexistas y despertar la conciencia en este sentido.

Simbólicamente fue un regalo que decidimos hacerle a la peque para este histórico 8 de marzo.



Adela Turin destaca en la lucha contra el sexismo y la imposición social de estereotipos de género. Es una autora italiana muy comprometida con el tema y cuenta con otras obras destacables en este sentido, como por ejemplo:
  • La historia de los Bonobos con gafas, de Adela Turin y Nella Bosnia, ed. Kalandraka. 
  • Arturo y Clementina, de Adela Turin y Nella Bosnia, ed. Kalandraka
  • Una feliz catástrofe, de Adela Turin y Nella Bosnia, ed. Kalandraka
Cuentos de otros autores que también  cuestionan de manera divertida los convencionalismos y roles sexistas, como son:
  • Las princesas también se tiran pedos, de Ilan Brenman e Ionit Zilberman, Algar ed. Ese cuento es perfecto para romper mitos tradicionales sobre los roles asignados tradicionalmente a las princesas.
  • En la misma línea está ¿Las princesas usan botas de montaña? de Carmela Lavigna, ed. Picarona.
  • La peluca de Luca, VV. AA
  • Ricitos de oso, de Stéphane Servant y Laetitia Le Saux, ed. Juventud
  • ¿Hay algo más aburrido que ser una princesa rosa?,  de Raquel Díaz Reguera, Thule ed. 
  • ¡Pink! El pingüino que se volvió rosa, de Lynne Rickards y Margarete Chamberlaine, ed. Trapella Books 
  • Cuando las niñas vuelan alto,  de Raquel Díaz Reguera, ed. Lumen 
Y para terminar,  destacar también la Colección érase dos veces, de Belen Gaudes y Pablo Macías, ed. Cuatro Tuercas. Se trata de adaptaciones de los cuentos clásicos, en los que han desaparecido los posos de sexismo y desigualdad.

La literatura infantil es una gran aliada para educar en la igualdad de sexos, para romper las cadenas de la educación basada en un sistema patriarcal y machista. Sí aprovechamos la capacidad que tienen los más pequeños para aprender y empaparse de todo aquello que les mostramos, tenemos la batalla ganada.  Pero hay que librar otras batallas para vencer en esta guerra. Hay que reflexionar sobre la publicidad destinada a menores , sobre los anuncios y catálogos de juguetes  ;sobre las películas y series de dibujos animados.  Hay que lograr que los miles de mensajes que se lanzan por distintos medios sean respetuosos con la coeducación y pretendan realmente terminar con estos clichés y estereotipos,  con este yugo que es la desigualdad por razón de género.



lunes, 21 de mayo de 2018

La importancia del juego

En unos días se celebrará en Huesca el día del juego en la calle. Una iniciativa que nace hace un par de años a propuesta del Consejo de las Niñas y los Niños. Y es que Huesca es Ciudad de los Niños y las Niñas, un proyecto de participación ciudadana que persigue que la infancia sea la protagonista de la construcción de la ciudad y que  ésta se vaya diseñando teniendo siempre en cuenta las necesidades y la perspectiva de los niños y las niñas. Este proyecto de implementación internacional fue creado y desarrollado por Francesco  Tonnuci,  todo un referente en educación e infancia.

El objetivo es facilitar espacios públicos seguros para que los niños y las niñas puedan practicar diversas y variadas actividades y múltiples juegos. En distintos puntos de la ciudad, calles peatonales,  parques y recintos al aire libre; tiene lugar la concentración de niños y niñas de distintas edades y de todos los centros educativos. Se reúnen con el propósito de poner en práctica su derecho a jugar, derecho que recoge la Convención sobre los derechos del niño de 1989.


No sólo es un derecho sino también un deber.  El juego es una herramienta imprescindible para lograr un óptimo desarrollo psicomotor ,  psicoafectivo y psicosocial .  A través del juego los niños aprenden infinidad de cosas. Les permite adquirir habilidades y desarrollar capacidades, y por supuesto les ayuda a relacionarse con sus iguales. El juego es el trampolín a la vida, a sus entresijos y aventuras. Aprenden a desenvolverse e interaccionar con su entorno, aprenden las consecuencias de sus acciones, aprenden a resolver conflictos,  a valorar y empatizar con los demás. Jugando se preparan para el resto de sus vidas. Es por todo esto que resulta fundamental que los niños disfruten de tiempo para jugar y compartir espacios y juegos con sus iguales. Y es que en la sociedad actual parece que se está desvirtuando lo que significa ser un niño. Hoy en día muchos padres están obsesionados con la necesidad de que sus hijos ostenten multitud de conocimientos y habilidades prácticas y apuntan a sus hijos a un sinfín de actividades extraescolares. Y sí , en una sociedad eminentemente competitiva no está de más poseer mucha formación y experiencia para lograr tener un sitio en el atroz sistema,  pero por favor no estresemos de esta manera a los niños. Tienen toda una vida adulta por delante para ello, para instruirse en lo que ellos deseen o necesiten; y por supuesto para estresarse con sus obligaciones cotidianas.
Esto que parece algo trivial no lo es ni mucho menos. La realidad habla por sí sola y si decidís investigar sobre el tema descubrireis la triste incidencia del estrés en los niños por este motivo. Y sus nefastas consecuencias.

El sistema educativo  también debería reflexionar sobre la pesada y constante carga que suponen los deberes. ¿ De verdad es absolutamente necesario saturar a los niños con tareas , una vez ya se ha terminado el horario escolar? ¿ Qué pasaría si tu jefe , una vez terminada tu jornada laboral te dijera que apuntaras en la agenda unas tareas para realizarlas luego en tu tiempo libre? Seguramente terminarías desarrollando un síndrome de burnout, y acabarías por odiar a tu jefe y a tu trabajo. Y ojo que con esto no quiero decir que la escuela no deba fomentar la adquisición de unos hábitos de estudio y aprendizaje, por supuesto que es su misión;  pero a través de este método  no me parece la manera más idónea y efectiva. A mi parecer es un gran problema, y así se han pronunciado muchas asociaciones de padres, muchos educadores, los propios alumnos  y hasta la misma Organización Mundial de la Salud.

El juego libre es un pilar fundamental en el desarrollo de los más pequeños.  Permitirles que dispongan de tiempo y espacios para poder jugar es nuestra obligación,  como padres, como educadores y maestros, como sociedad en su conjunto;  velemos por proteger y hacer cumplir este derecho.


 " Jugar es un derecho, disfrutemoslo.Jugar es aprender, soñar y compartir.
Un día sin juego , un día perdido"

Firmado Niñas y Niños de Huesca